El Internet de la Cosas: la que se avecina… ¿o ya está aquí?

Cuando la gente habla del “próximo gran avance” nadie piensa en algo lo suficientemente grande. No es una falta de imaginación, sino una falta de observación. Desde mi humilde punto de vista siempre he mantenido que el futuro está siempre a la vista y que no hay que imaginar lo que ya está ahí.

El caso en cuestión: Los rumores que rodean al Internet de las Cosas.

¿Qué es lo que se avecina? El Internet de las Cosas (Internet of Things en inglés, IoT) gira en torno al aumento de máquinas y dispositivos de comunicación. Está construido sobre la informática y las redes de sensores de recolección de datos en la nube, y dicen que va a hacer que todo lo que nos rodea se llene de sensores “inteligentes”.

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Pero lo que quiero decir cuando hablo de que la gente no piensa lo suficientemente en grande es que muchos se quedan en el ámbito de la comunicación máquina a máquina, cuando de lo que se está hablando es de sensores.

Un sensor no es una máquina. No hace nada en el mismo sentido que lo hace una máquina. Mide, evalúa; en fin, reúne datos. El Internet de las Cosas realmente viene de la conexión de los sensores con las máquinas. Es decir, el valor real que crea este nuevo “Internet” está relacionado con la recopilación de datos y el aprovechamiento de los mismos. Toda la información recogida por los sensores en el mundo no vale mucho si no hay una infraestructura en el lugar para analizarla en tiempo real.

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Las aplicaciones basadas en la nube son la clave para el uso de datos apalancados. El Internet de las cosas no funciona sin las aplicaciones basadas en la nube para interpretar y transmitir los datos procedentes de todos estos sensores. La nube es lo que permite a las aplicaciones que puedan “trabajar” para nosotros en cualquier momento y en cualquier lugar.

Veamos un ejemplo. En algunas ocasiones nos hemos despertado con noticias de edificios, túneles o puentes que se han derrumbado a causa de problemas en sus estructuras, muriendo numerosas personas… Cuando los reconstruimos, podemos utilizar cemento inteligente. Esto es, cemento equipado con sensores para controlar las tensiones y la aparición de grietas. Este es el cemento que nos alertará para que podamos arreglar los problemas antes de que causen una catástrofe. Y estas tecnologías no se limitan únicamente a las estructuras.

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Si hay hielo en una carretera, esos mismos sensores en el asfalto lo detectarán y enviarán la información a través de internet inalámbrico al interior de los coches. Una vez que éstos sepan que hay un peligro delante, se instruirá a los conductores para que frenen, y si éstos no lo hacen, entonces el coche se ralentizaría automáticamente. Este es solo un ejemplo del tipo de comunicación sensor-máquina o máquina-máquina que se puede dar. Con todo esto imagino que puedan empezar a verse todas las implicaciones que este nuevo avance implica.

¿Qué ocurrirá cuando un coche y el asfalto inteligente de la ciudad empiezen a hablar el uno con el otro? Podremos optimizar el flujo del tráfico, ya que en vez de tener únicamente semáforos con temporizadores fijos podremos tener semáforos inteligentes que puedan responder a los cambios en el flujo de tráfico. Las condiciones del tráfico y de la calle serán comunicadas a los conductores, pudiendo realizar cambios de ruta alrededor de las áreas que estén congestionadas, en obras, etc. En definitiva, el avance ya está aquí.

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